El hijo de Mussolini en Peñíscola.

La carga máxima del Sparviero, 1.250 kilos de bombas, se la había reservado el hijo del dictador para Valencia, que por aquel entonces era la capital de la República. A las 10 de la mañana del domingo 3 de octubre, apenas dos días después de que el mismo Jefe de Gobierno de la República, Juan Negrín, abriera la sesión inaugural de las Cortes españolas en la Lonja, cinco aviones de La Pava teñían el Cap i Casal de sangre.
La formación en la que volaba Bruno Mussolini acababa de perpetrar el segundo bombardeo más sangriento de los 463 ataques aéreos y navales que sufrió Valencia durante toda la Guerra Civil al matar a medio centenar de personas y herir a otras 78 en este ataque que destruyó 160 casas de los poblados marítimos. Entre las víctimas mortales de este zarpazo hay al menos seis niños de menos de 10 años, entre ellos están los hermanos Emilia, María, Carmen y Joaquín Velasco Ortega, de entre 9 y cuatro años, y los también hermanos Antonio y María Ombuena Gimeno, de seis y cuatro años, según consta en los libros del Registro de Enterramientos del Cementerio General de Valencia y del camposanto del Cabanyal.
Sin embargo, está no sería la muesca más grande que marcaría Bruno en la carlinga de su avión, ya que apenas 48 horas antes, el viernes 1 de octubre, había participado en un ataque sobre Barcelona que se cobró la vida de 55 civiles. Entre estas dos dentelladas no hubo tiempo para el reposo del guerrero, ya que el pequeño Duce atacaría al día siguiente el puerto de Dénia, donde arrojó otra tonelada de bombas. Los bombardeos de la Guerra Civil causaron 17 muertos en la capital de la Marina Alta.
Mussolini hijo se despidió de su periplo mortal por España el 20 de octubre de 1937 al frente de uno de los cinco bombarderos que atacaron el puerto de Peñíscola. Atrás quedaban 25 horas de vuelo en las que sembró la muerte y el terror desde Roses, en Girona, hasta Cartagena. Sobre la precipitada vuelta de Bruno a Italia, la revista Time, apuntaría unos años después, en 1941, que el Duce le había hecho regresar “porque parecía que los rojos iban a la caza del chico”

a guadaña de muerte que Mussolini y Hitler pusieron al servicio de Franco durante la Guerra Civil en forma de bombardeos aéreos y navales segó al menos 1.500 vidas en la Comunitat Valenciana, dos tercios de las cuales cayeron bajo la tempestad de acero que convirtió a Valencia, con más de 825 muertos, en la tercera ciudad española donde más sangre vertieron los ataques italogermanos después de Barcelona y Madrid, con 2.500 y 2.000 fallecidos respectivamente.
Esa mortífera daga estuvo empuñada durante tres semanas por el mismo hijo del Duce, Bruno Mussolini, un joven piloto de apenas 19 años recién cumplidos que arrojó 5.250 kilos de bombas sobre la Comunitat Valenciana hace ahora 71 años. El tercer vástago del dictador italiano fue durante 20 días de octubre de 1937 una de las alas negras de La Pava, nombre que daba la población de la retaguardia republicana a la Aviazione Legionaria italiana y que todavía aún estremece a muchos octogenarios valencianos, entonces niños pequeños, que sobrevivieron a sus zarpazos.

cerco de Peñíscola
Blas de Lezo, que se consagraría como marino y estratega en el Atlántico y el Caribe, tuvo su bautismo de fuego y sus primeras heridas en el conflicto de la Guerra de Sucesión, que determinó el fin de los Austrias y la pérdida de los fueros valencianos.
Con 12 años se enroló como guardamarina en la Armada francesa y con apenas 15 participó en 1704 en la batalla naval que se desarrolló frente a las costas de Vélez-Málaga, donde una bala de cañón le destrozó la pierna izquierda, que le fue amputada allí mismo sin que el niño-hombre se quejara, dicen las crónicas.
Por entonces, Peñíscola había decidido unirse a la causa del Borbón Felipe de Anjou, lo que le costó a los vecinos de esta villa, más tarde ciudad por estos hechos, un largo asedio, por tierra y por el mar, dominado por los buques ingleses aliados de los Austrias.
Según las crónicas, el marino vasco, ascendido a “Alférez de Bajel de Alto Bordo”, fue el encargado de “socorrer” a Peñíscola eludiendo el cerco al que estaba sometida y que se prolongaría durante más de dos años. Casualmente, Peñíscola estaba gobernada entonces por un casi paisano de Lezo, Sancho de Echeverría y Orcolaga, de Rentería.
Durante toda la Guerra de Sucesión, Blas de Lezo estuvo combatiendo en el Mediterráneo, donde puso en práctica dos innovaciones técnicas que dan idea de su capacidad para el combate y que utilizó para romper el cerco de la asediada Barcelona: el disparo de balas de cañón incendiarias y el uso de paja húmeda con el que creaba pantallas de humo que desorientaban a sus enemigos

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