Fray Juan de Almaráz en el castillo de Peñíscola.

 

La relación de Carlos IV con Peñíscola se debe a la especial vida que llevó su mujer Maria Luisa de Parma.

Se conocía la infidelidad de Maria Luisa en la corte de tal nivel que se decía que los doce hijos que tuvo ninguno fue de l Rey.

Cuando estaba a punto de morir la Reina le confesó a su confesor que ninguno de sus hijos fué del Rey y al morir la Reina el Rey enceró a Fray Juan de Almaraz hasta su muerte en Peñíscola para que no divulgase estas confesiones de la Reina.

Pero muy astuto el confesor escribió la confesión y este documento esta en el Archivo General del Ministerio de Justicia..

 

Reproducción manuscrita del testimonio de fray Juan de Almaraz, según el cual «ninguno, ninguno», se repite en el original, de los hijos de la reina María Luisa de Parma son de su legítimo matrimonio con el rey Carlos IV. La dinastía quedaba así «concluida» en España. Fray Almaraz juró imberbum sacerdotis que tan trascendental testimonio le había sido revelado en confesión por la propia reina María Luisa de Parma. (Archivo General del Ministerio de Justicia.)

«Como confesor que he sido de la Reyna Madre de España (q. e. p. d.) Doña María Luisa de Borbón. Juro imberbum sacerdotis cómo en su última confesión que hizo el 2 de enero de 1819 dijo que ninguno, ninguno –se repite en el original– de sus hijos y [sic] hijas, ninguno –de los catorce que tuvo– era del legítimo Matrimonio; y así que la Dinastía Borbón de España era concluida, lo que declaraba por cierto para descanso de su Alma, y que el Señor la perdonase.

Lo que no manifiesto por tanto Amor que tengo a mi Rey el Señor Don Fernando VII por quien tanto he padecido con su difunta Madre. Si muero sin confesión, se le entregará a mi Confesor cerrado como está, para descanso de mi Alma. Por todo lo dicho pongo de testigo a mi Redentor Jesús para que me perdone mi omisión. Roma, 8 de enero de 1819. Firmado Juan de Almaraz».

El religioso Juan de Almaraz escribió con la advertencia “Debe quedar Cerrado”, un documento hasta ahora secreto y con fecha 8 de enero de 1819

Al conocer Fernando VII está declaración, donde se ponía en cuestión su legitimidad, decidió encerrar a Fray Juan de Almaráz en el castillo de Peñíscola.

Maria Luisa. Goya.

 

Carlos IV.

Nace en Portici, Nápoles el once de noviembre de 1748. Era hijo de Carlos III y de María Amelia de Sajonia.

Pasó su infancia en Italia, donde su padre Carlos III era en aquellos momentos rey de Nápoles. Tenía un carácter débil y una voluntad mínima, además de altibajos en su humor.

Sin grandes dotes intelectuales, si tenía facilidad para el estudio de los idiomas, la música y la pintura. Tenía grandes habilidades para la realización de manualidades.

En ocasiones disfrutaba riendo y gastando bromas con los trabajadores de las caballerizas reales. A veces realizaba combates de lucha leonesa con los mozos de las caballerizas. Pero mientras que un día mostraba alegría y se reía con chistes, al día siguiente, por su cambio de humor, recibía a los mozos a patadas y salivazos, haciéndoles besar su mano y sus zapatos.

Carlos III era consciente de las limitaciones intelectuales de Carlos IV, y no dudaba en decírselo. Un día que estaban comentando la preparación de su boda, Carlos III le recordó la posibilidad que todo hombre tiene de sufrir alguna infidelidad.

Carlos IV, le dijo muy seguro de sí mismo “Pienso que los reyes están libres de las preocupaciones que tienen el resto de los maridos porque sus esposas no les pueden engañar con otras, ya que una reina no tiene otro rey cerca más que su esposo”. 

Carlos III no pudo aguantarse ante la simpleza del razonamiento de su hijo y le respondió “Carlos, Carlos, que tonto eres, las princesas también pueden ser putas, hijo mío”.

Blanco White definía a Carlos IV como un hombre de nobles ideales, pero que carecía de más mínimo sentido político, pensaba que Carlos IV era “un divino tonto”.

Otro hecho que nos da reflejo de la poca capacidad de Carlos IV se produjo en medio de una fiesta que daba la Corte, el príncipe de Asturias pregunta a Carlos III “Padre, hay una cosa que no comprendo…

Si todos los reyes somos designados por la gracia de Dios ¿Cómo pueden existir malos reyes?¿No deberían ser todos buenos reyes?

Carlos III mira a su hijo y le contesta “Pero que tonto eres, hijo mío”.

Carlos IV y Maria Luisa de Borbón. Goya.

Se levantaba muy temprano, a las cinco de la madrugada, rezaba y oía en sus aposentos dos misas diarias. A las seis de la mañana se dedicaba a la lectura de obras piadosas para posteriormente tener un potente desayuno. Como anteriormente he citado, era un enamorado de las manualidades, destacando en la manipulación de los relojes. Comía siempre a las doce del mediodía.

Su otra gran afición fue la caza, y para realizarla contaba con una amplia colección de armas, teniendo a su servicio los mejores armeros del país. Salía a cazar a la una del mediodía sin importarle la climatología y no regresaba al palacio hasta el anochecer. Tan sólo dejaba de salir a cazar los dos días anteriores de Pascua o cuando había alguna procesión importante.

Después de su jornada de caza, era cuando atendía sus obligaciones regías y durante media hora recibía a los ministros.

Posteriormente, se dedicaba a jugar a las cartas o a audiciones de violín del que era muy aficionado. Después de una potente cena, se iba a la cama a las once de la noche.

Sentía una gran afición por la música de Bocherini.

Era un violinista aficionado. Carlos IV compró en 1775 el cuarteto de instrumentos Stradivarius que se conservan actualmente en el Palacio Real de Madrid.

Se rodeó de un entorno musical que estaba dirigido por el violinista y compositor Gaetano Brunetti.

También le gustaba mucho la pintura y encargaba obras de forma regular a pintores como Luis Meléndez, Claude Joseph Vernet y Luis Paret.

Pero sobre todos con Francisco de Goya al que nombre pintor de cámara en el año 1789.

Carlos IV contrajo matrimonio con su prima hermana María Luisa de Parma. Tuvo veinticuatro embarazos pero sólo tuvieron catorce hijos y siendo seis los que llegaron a adultos. Sus hijos son:

Carlos Clemente Antonio que vivió dos años y medio.

Carlota Joaquina que se casó con Juan VI de Portugal a la edad de diez años y que se convierte en reina a los diecisiete años al morir el primogénito. Enseguida fue odiada por el pueblo portugués. El rey mandó encerrarla por la conspiración que llegó a encabezar.

María Luisa Carlota que vivió cinco años.

María Amalia que fue casada con su tío Antonio Pascual de Borbón.

Carlos Domingo Eusebio, que vivió tres años.

María Luisa Josefina, que fue casada con Luis de Borbón-Parma, duque de Parma y rey de Etruria.

Carlos Francisco de Paula que vivió un año.

Felipe Francisco de Paula, que vivió un año.

Fernando, que acabó siendo rey con el título de Fernando VII.

Carlos María Isidro, conde de Molina, fundador del carlismo y pretendiente al trono de España, responsable de las guerras civiles que en su nombre y en el de sus sucesores padeció España durante los últimos tercios del siglo XIX.

María Isabel casa con su primo Francisco I de las Dos Sicilias.

Carlos IV vestido de cazador, por Goya

María Teresa, muere a los tres años como consecuencia de la viruela.

Felipe María Francisco que fallece a los dos años.

Francisco de Paula Antonio, casado con su sobrina, Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias. Su primogénito, Francisco de Asís de Borbón, se casó con la reina Isabel IIGaldós lo retrata en los Episodios Nacionales como el padre “Puntillas” por sus afeminadas costumbres que tanto enervaban a Isabel II.

María Luisa de Parma era muy intrigante y carecía de toda discreción. Dominaba completamente al Rey, al que logró mantener apartado de la vida política, mientras ella asumía los asuntos de Estado por medio del válido Manuel Godoy.

Carlos IV llega al poder el 14 de diciembre de 1788. El inicio del reinado coincide con una fuerte crisis económica. La administración se encontraba muy anquilosada y ponía en cuestión la política reformista llevada por Carlos III. A ello, hay que añadir, que en Francia se estaba produciendo “la revolución francesa”, que estaba cuestionando el funcionamiento del denominado Antiguo Régimen.

Ante los acontecimientos que se daban en Francia 1789-1791, el ministro Floridablanca tuvo una actitud muy vacilante, que le hizo no intervenir, al mismo tiempo que intentaba mantener a salvo de la ideología revolucionaria francesa, que se estaba extendiendo por toda Europa.

Ante el fracaso de Floridablanca, le sustituye el ministro Aranda que dirigía el partido aragonés. Pero la situación no mejora. Mientras en Francia se había proclamado la República.

Le sustituye Manuel Godoy, que debía todo lo que era a los reyes, por lo que su lealtad es total. Realiza algunas reformas con la finalidad de controlar el poder de la alta Nobleza. Para que no fuera cuestionado por su origen humilde, Carlos IV lo eleva a la más alta nobleza proclamándolo Grande de España.

Godoy era odiado tanto por la nobleza, que no lo aceptaba, dado su origen humilde y tampoco por el pueblo que le odiaba por considerarlo el primer gran dictador de la era moderna, además por sus relaciones adúlteras con la Reina. Unió la política exterior española a la francesa que realizaba Napoleón Bonaparte. La principal oposición a Godoy provenía del partido aragonés que encabezaba Aranda y que enseguida contaron con el apoyo del príncipe de Asturias, el posterior Fernando VII, que se dedicaba a desprestigiar a Godoy y a sus padres con los cuales no se entendía.

María Luisa de Parma mantenía una relación amorosa con Godoy desde antes de la muerte de Carlos III. Ella utilizó toda su influencia para hacer de Godoy el hombre más poderoso de la Corte.

Algunos historiadores han descartado la naturaleza sexual de las relaciones entre la reina María Luisa y Godoy, argumentando que el continuo ascenso de éste, es debido a la lealtad que demostró siempre hacia los reyes y a la escasa capacidad de acción política de la pareja real.

Sin embargo, parece claro que alguno de los catorce hijos que tuvo la Reina, lo eran también de Godoy.

Según el escritor José María Zavala autor del libro Bastardos y Borbones, la dinastía de los Borbones se extinguió en España el 20 de enero de 1819, fecha del fallecimiento de Carlos IV en Roma.

Su hijo el heredero al trono Fernando VII conocía que no era hijo del Borbón y para evitar que saliera a la luz pública su ilegitimidad, procedió a encerrar de por vida a Fray Juan de Almaraz, el confesor de su madre la reina María Luisa.

El religioso Juan de Almaraz escribió con la advertencia “Debe quedar Cerrado”, un documento hasta ahora secreto y con fecha 8 de enero de 1819, en el que afirmaba que seis días antes la reina María Luisa de Parma le había confesado que ninguno de sus catorce hijos eran del legítimo matrimonio con el rey Carlos IV, sino de otros padres, lo que confesaba in articulo mortis para el descanso de su alma y que el Señor la perdonase.

Después de ocho años, Fernando VII al conocer de la existencia de este peligroso escrito que cuestionaba su legitimidad al trono, daría ordenes de encarcelar al sacerdote

La firma del Tratado de Fontainebleau (1807), decisión de Godoy, provocó la entrada del ejército francés en España. Se fue extendiendo el descontento entre la población y se organizó una conjura en la que tomó parte el príncipe de Asturias, Fernando, futuro Fernando VII. El 17 de marzo de 1808 tuvo lugar un levantamiento popular (Motín de Aranjuez) que logró la caída de Manuel Godoy. 

Napoleón Bonaparte aprovechó la situación para intervenir en España al forzar la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando y la renuncia de éste a sus derechos de sucesión. Napoleón les había obligado a acudir a Bayona. Este episodio es conocido como las abdicaciones de Bayona y tuvo lugar el 5 de mayo de 1808.

María Luisa acompañó a su marido al destierro, primero en Francia, confinados por Napoleón en Compiègne.

En el verano 1812, Napoleón permite que Carlos IV, su esposa y su séquito se trasladen a Roma instalándose en el palacio Borghese.

Fernando VII, mandó una carta al Papa León XII, en septiembre de 1827, donde le apercibía de la peligrosidad del fraile, sin mencionarle qué había hecho.

Fray Juan de Almaraz estaba en Roma porque acompañó al exilio a Carlos IV y a Maria Luisa de Parma. Fernando VII nunca los volvió a permitir regresar a España desde que Napoleón los desterró.

El Papa no le hizo caso y Fernando VII, entonces mandó a un grupo de gente a Roma. Allí encontraron al fraile, lo raptaron y trajeron a España.

Lo sacaron de su habitación que se hallaba en la via Condotti y lo embarcaron en la fragata Manzanares que estaba en el puerto de Civitavecchia.

Llegó en barco a Barcelona donde estaba el rey a causa de la sublevación de Cataluña en 1827. El responsable de traer al fraile José Pérez Navarro oficial de la secretaría de Marina fue nombrado Capitán del Puerto de La Habana.

Encierro de Juan de Almaraz

De ahí lo enviaron a la fortaleza de Peñíscola. El monarca  dio instrucciones al alcaide de esa cárcel  el coronel Luis Gerzábal, para que el prisionero fuera encerrado por tiempo indefinido en una celda y aislado de todos los demás.

Se aseguró de que tuviera una provisión suficiente de alimentos, pero de que no hablara ni siquiera con los carceleros. Para ello encargó al capitán general de Valencia que lo vigilara personalmente y que se mantuviese al reo con veinte reales diarios.

Su estancia en la prisión no figuró en el libro-registro de la misma y ni siquiera fue procesado en ningún momento ya que no convenía que se supiese nada de esta historia.

En 1830, el arzobispo de México, que había regresado a España, tras la independencia de ese país, recibió un curioso encargo de Fernando VII.

Tenía que visitar al prisionero en su celda, y conseguir que se retractara por escrito de lo que había afirmado unos años antes.

Con la promesa del perdón real, el prisionero firmó el documento de retractación, sin embargo, el rey no cumplió su palabra y no le perdonó.

Petición de libertad del confesor de la reina

En 1832, llegó un nuevo alcaide a la fortaleza de Peñíscola y comprobó el lamentable estado en que se encontraba este preso. Parece ser que se encontró con un viejo harapiento con una barba canosa hasta la cintura y que ya apenas podía hablar.

Escribió al rey para ver si, sabiendo de la mala salud del preso, debido a su largo encarcelamiento y a su avanzada edad, se le podría aplicar un Decreto de Amnistía, que había otorgado el rey recientemente.

Escribió al Gobierno y esta vez, tuvo más suerte, pues el escrito llegó a comienzos de 1834 y el rey había muerto unos meses antes.

Maria Cristina. Vicente López.

El presidente del Consejo de Ministros, fue a consultar este asunto con la reina viuda María Cristina, que  fue la cuarta esposa de Fernando VII y la Regente mientras la reina Isabel II fue menor de edad.

Esta nunca había sabido sobre este tema, así que le perdonó y fue puesto en libertad 7 años después de su encierro.

Otro prisionero que le pidió a la reina el indulto fue Luis Candelas, el bandolero, pero no tuvo tanta suerte.

Después de liberar a Juan de Almaraz, solo se sabe que el fraile tuvo un modesto cargo en la Catedral de Cuenca y murió en 1837 a los 70 años de edad.

Hay que reconocer que los hijos de Carlos IV al haber nacido dentro de un matrimonio en el que convivían ambos cónyuges, todos eran legítimos, sean o no hijos del rey.

Aunque la reina hiciera esta confesión, ella era muy proclive a mentir… aunque en esos momentos al estar cerca de la muerte da que pensar.

Maria Luisa de Parma no solo hizo esta confesión sino que además hizo testamento a favor de su amante Godoy dejando fuera de él incluso a sus hijos…

Cuando se produce la derrota de Napoleón.y posteriormente en Roma, donde falleció, reinando ya su hijo Fernando en España, Carlos IV sigue en Roma, pero se va a vivir al palacio de los Barberini durante cuatro años y lo hace gracias a la pensión que le pasa el rey Fernando VII.

Palacio Barberini.

Palacio Barberini.

María Luisa muere el uno de enero de 1819, postrada en la cama con las dos piernas rotas y una salud muy deteriorada. En esos momentos Carlos IV se encontraba en Nápoles, pero sufre un grave ataque de gota, que llevaba años padeciéndola y muere pocos días después que la reina el 19 de enero de 1819.

Mas tarde Fernando VII ordenó el traslado de los restos de sus padres para ser enterrados en el Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial.

 

Fernando VII

No es historia-ficción sino Historia real, con mayúscula. De haberla conocido, lo cual fue posible pues aconteció en vida de él, habría inspirado tal vez al príncipe de las letras Alejandro Dumas su celebérrima obra «El conde de Montecristo».

Si lo que el sacerdote sostenía era cierto, los Borbones de España no estaban en condiciones de exigir sangres absolutamente puras a sus herederos al trono en el momento de desposarse.

Otro importante documento:

Una carta secreta del gobernador de Peñíscola. Fechada en la localidad castellonense, el 13 de febrero de 1834, la carta del principal mandatario de Peñíscola produce aún hoy escalofríos al leerla.

Dice así: «El gobernador de aquella Plaza. Dice que al tomar posesión del Gobierno de la misma –Peñíscola– ha encontrado en un encierro al sacerdote D. Juan de Almaraz, que fue conducido a ella a consecuencia de una Real Orden de que acompaña copia, expedida por este Ministerio en 21 [de] octubre de 1827, en la cual se califica de reo de alta traición al referido Almaraz y se encargaba fuese incomunicado vigorosamente y vigilado bajo la responsabilidad personal del gobernador, y como desde aquella fecha no haya podido alcanzar aquel desgraciado ningún alivio en su dura prisión, a pesar de los beneficios decretos dictados por el magnánimo corazón de V. M. en bien de todos los españoles, cree su deber hacer presente que la conducta observada en la prisión por este reo ha sido la correspondiente a su respetable carácter que su edad de 67 años, sus enfermedades dimanadas de su senectud y sus padecimientos de seis años y medio de encierro sin comunicación, le hacen inepto para el mal como para el bien: y que todo lo que puede formar la felicidad de este respetable anciano es que V. M., tendiéndole su mano, beneficie para que no muera en su encierro, le permita volver a Extremadura, su patria, y acabar sus días en el seno de su familia».

El máximo funcionario de la prisión quedó horrorizado al abrir la mazmorra y contemplar a un anciano de largos y enmarañados cabellos y barba blanca crecida hasta la cintura, que se le arrojó sollozando a sus pies. Aquel espectro viviente dijo ser el fraile Juan de Almaraz, incapaz ya casi de articular palabra tras su larga incomunicación.

Muerto Fernando VII en 1833, le sucedió como regente su cuarta esposa, María Cristina de Borbón, reina gobernadora durante la minoría de edad de su hija Isabel II. Al régimen absolutista sucedió así el régimen liberal, una de cuyas medidas fue la concesión de una amnistía para delitos políticos mediante el decreto de 16 de enero de 1834.

La reina María Cristina otorgó finalmente el perdón al inocente fray Juan de Almaraz, a quien sólo se había condenado en virtud de la sentencia dictada y ejecutada por el poder absoluto de un Rey.

 

 

 

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